Capitulo 2
Y pie de entrada para otros cuantos chillidos por parte de mis amigas
en la sala común.
—¡Madre mía! ¿Cómo fue? —preguntó Cass con ojos relucientes
mientras juntaba las manos, extasiada.
—Eso no importa —intervino Donna—. ¿Cuándo llega la parte importante?
—Fue precioso —dije yo, sonriendo al recordar la manera en la que Harry me
acarició la cara y me pasó la otra mano por el pelo y la nuca. «Precioso» se
quedaba corto. Fue la gloria, pura y simple, y me hizo sentir guapa, sexy y
especial.
—Ay, mírala —canturreó Ashley, y alargó el brazo para colocarme un
mechón de pelo suelto detrás de la oreja—. Está enamorada.
—Cierra la boca, Ash —espeté mientras trataba de ignorar el
estremecimiento emocional que me asaltaba siempre que pensaba en Harry.
—En cualquier caso —insistió Donna al tiempo que ejecutaba movimientos
circulares con las manos—. ¿Pasó algo más?
—Todo a su debido tiempo, querida Donna —repliqué yo con pedantería—.
Las damas esperan, ¿sabes?
Ashley soltó un bufido.
—¡Y una mierda! Las damas lo practican cuando les apetece —Cass y yo
intercambiamos una mirada y pusimos los ojos en blanco. Era uno de los
temas preferidos de Ashley—. Es el signo de una auténtica feminista —
añadió mientras toqueteaba un padrastro de su dedo gordo del pie.
—Sí, vale, no te alteres —replicó Cass, haciendo caso omiso del gesto con
un dedo que obtuvo en respuesta—. Sigue, cariño.
Pero los pitidos para la clase siguiente pusieron fin a cualquier otra
revelación. Con la promesa de volver a reunirnos en la sala común a la
hora del almuerzo, cada una se fue por su lado. Yo, a Lengua; Cass, a
Economía; Donna, a Arte Dramático, y Ashley, a Medios de Comunicación.
Y no es que conociéramos los horarios de las demás ni nada parecido.
De hecho, lo sabíamos todo las unas de las otras, más o menos, y así
había sido desde la primera semana de primero de secundaria. Cuando
empiezas el instituto, por lo general, conectas muy deprisa con una serie
de gente; pero solo encuentras a tus amigos de verdad con el paso del
tiempo. En nuestro caso fue distinto. Nos encontramos inmediatamente,
como si estuviera escrito.
Nuestro segundo día de instituto nos adjudicaron la misma mesa en
Ciencias. Cass y Donna habían estudiado en el mismo colegio de primaria,
aunque en realidad nunca habían llegado a hablar; aparte de eso, no nos
conocíamos de nada. Mi mejor amiga de primaria, Megan Roberts, había
emigrado a Australia en las vacaciones de verano, y yo estaba llorando su
pérdida como era debido. Sentía como si me faltara la mitad de mí y no me
importaba al lado de quién me fuera a sentar, la verdad. De todas formas,
no tuvimos elección porque el profesor, el señor Evershot, nos colocó.
Mi política consistía en odiar instantáneamente a cualquier profesor que
no nos permitiera elegir nuestros asientos o nuestros compañeros para el
trabajo en grupo; pero era imposible odiar al señor Evershot, porque era
diminuto como un duende y agradable sin tenerse que esforzar. Tenía un
acento del norte muy acusado. Provenía de Wakefield, en Yorkshire. Lo sé
porque lo vimos escrito en la pizarra cuando llegamos a clase aquel primer
día: «Señor Evershot. De Wakefield, Yorkshire». Un chico había gritado:
—¿Por eso habla usted raro, señor?
El señor Evershot se limitó a mirarle a los ojos y responder:
—Sip.
Eso le cerró la boca.
Bueno, el caso es que allí estábamos: Donna y Cass, incómodas porque,
aunque habían asistido al mismo colegio, apenas habían hablado y, desde
luego, nunca se habían sentado juntas; Ashley se mordía la piel de
alrededor de las uñas y fruncía el ceño porque su madre acababa de
romper con un novio que a ella, Ashley, le caía muy bien; y yo, que me
sentía desgraciada y un tanto violenta. En teoría, no formábamos
precisamente el grupo ideal.
Pero entonces el señor Evershot nos obligó a separarnos en grupos para
comentar cuál era la estancia más peligrosa del edificio (el aula de
Ciencias de primero de secundaria, por si alguien no lo sabe), de modo que
nos vimos obligadas a hablar entre nosotras.
—A ver, es obvio que tiene que ser la cocina —declaró Ashley, que al
instante me aterrorizó porque masticaba chicle en clase y empleaba tono
de aburrimiento al hablar (en aquella época, no hacía falta gran cosa para
asustarme).
—Digamos que la sala de estar —terció Donna—. Para ser originales.
Ash debió de aprobar la idea, aunque no recuerdo sus palabras; pero Cass
metió baza diciendo:
—No creo que nos den puntos de más por ser diferentes. Se trata más bien
de un escenario acierto/error —todavía recuerdo el tono de su voz: dulce y
amable, como si de veras estuviera tratando de colaborar. Me consumía la
admiración porque (a) había hecho frente a Donna, quien tenía un acento
más brusco que yo y, por lo tanto, sí, daba miedo y (b) había utilizado la
palabra «escenario».
Así que, al menos, estábamos hablando; si bien nadie podía acusarnos de
haber congeniado al instante. Pero entonces llegó el Momento Definitivo de
nuestra amistad: el señor Evershot tropezó al pasar por nuestra mesa y
susurró por lo bajo:
—Jooderrr.
Las cuatro nos desternillamos. Un profesor diciendo una palabrota ya
tenía gracia de por sí, pero ¿un profesor diciendo una palabrota con acento
de Yorkshire? Llorábamos de la risa. Graznábamos y resollábamos como
una manada de gansos asmáticos. Pasado un minuto nos habíamos
calmado, pero entonces una de nosotras miraba a otra a los ojos y
volvíamos a empezar.
—¿Algo divertido, chicas? —preguntó el señor Evershot con ironía, pero no
nos regañó; en cambio, añadió—: Me alegro de que se lleven bien, pero
aseguraos de obtener resultados —señaló la hoja que teníamos delante y,
aunque intercambiamos miradas y soltamos risitas, volvimos a nuestro
listado de estancias peligrosas.
Después de algo así, es imposible no hacerse amigas. Al poco rato,
terminada la clase, nos fuimos a almorzar, y a partir de ahí continuamos.
Solo teníamos once años en aquel entonces. Éramos unas niñas. Casi
ninguna había tenido el periodo siquiera.
Y ahora, allí estábamos, todavía amigas íntimas y a punto de salir juntas
al ancho mundo.
Pero antes yo tenía que ir a Lengua; Cass, a Economía; Donna, a Arte
Dramático, y Ash, a Medios de Comunicación…
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